¡Waka-waka! El rey de las salas de arcade está de fiesta. Pac-Man, el personaje que puso a todo el mundo a comer fantasmas, cumple 45 años y sigue siendo tan relevante como en los años 80. Lo que empezó como una idea sencilla para atraer a más público a los videojuegos, terminó convirtiéndose en el icono más grande de la cultura geek.
Aquí te pasamos los datos más curiosos de esta bola amarilla que cambió la historia del entretenimiento.
Inspirado en una pizza y nacido para todos
¿Sabías que el diseño de Pac-Man nació literalmente de una pizza? Su creador, Toru Iwatani, estaba comiendo cuando quitó una rebanada y vio la forma icónica que hoy todos conocemos. Además, en una época donde los juegos eran solo de naves y disparos, Pac-Man fue diseñado específicamente para ser amigable y atraer tanto a hombres como a mujeres, rompiendo esquemas desde el primer día.
De Puck-Man a fenómeno mundial
Originalmente, el juego se llamaba Puck-Man en Japón (por el sonido paku-paku que representa el masticar). Sin embargo, cuando llegó a Estados Unidos, decidieron cambiarle el nombre a Pac-Man para evitar que la gente fuera de “graciosa” y cambiara la P por una F en las máquinas arcade. Fue una decisión de negocios brillante que evitó un desastre de relaciones públicas y ayudó a que se convirtiera en la marca que es hoy.
El nivel imposible y el récord perfecto
Pac-Man tiene un total de 255 niveles jugables, pero existe el famoso Nivel 256, conocido como el “Split-Screen”, donde un error de programación hace que la mitad de la pantalla se llene de símbolos extraños, volviéndolo imposible de terminar. Por otro lado, lograr una partida perfecta es el reto máximo: requiere comerse cada punto, fruta y fantasma sin morir ni una sola vez, logrando una puntuación exacta de 3,333,360 puntos.
45 años de puro legado
A lo largo de estas cuatro décadas, Pac-Man ha pasado por todo: desde series de televisión y canciones exitosas hasta aparecer en la película Pixels. Es el videojuego que demostró que los personajes podían tener personalidad y, 45 años después, sigue demostrando que lo clásico nunca pasa de moda.
