Cambiarías de religión, de trabajo y de pareja… ¡pero jamás de equipo de futbol! La ciencia explica tu obsesión

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Seguro te ha pasado: tu equipo mete gol al último minuto, saltas del sillón, gritas como loco y sientes que el pecho te va a explotar de la felicidad. Desde los tiempos de la antigua Grecia, los sabios ya se quejaban de que la gente adorara más a los atletas que a los pensadores. A simple vista parece una locura que 22 personas corriendo tras un balón nos cambien el humor, pero la ciencia tiene una explicación fascinante.

El futbol es el deporte más popular del mundo porque hackea nuestro cerebro con un cóctel de hormonas y alimenta nuestras ganas de pertenecer a una tribu.

Tu cerebro también se pone los tacos: ¿Qué pasa en tu cabeza?

Cuando te sientas a ver el partido, tú crees que estás descansando, pero tu mente está sudando la camiseta en la cancha gracias a tres curiosos procesos:

  • Tus neuronas juegan el partido: En tu cerebro existen unas células llamadas “neuronas espejo”. Su trabajo es hacerte sentir lo mismo que estás viendo. Por eso, cuando el delantero de tu equipo corre a toda velocidad, tu mente experimenta la misma adrenalina. Y cuando la pelota toca la red, tu cerebro libera dopamina a chorros, dándote un subidón de placer como si tú mismo hubieras metido el gol.

  • La victoria te hace sentir superhéroe: Existe algo llamado “gloria reflejada”. Los psicólogos descubrieron que cuando tu equipo gana, al día siguiente te sientes mucho más seguro y confiado en tus habilidades cotidianas, aunque tu trabajo no tenga nada que ver con el deporte. En cambio, si pierden, el bajón de autoestima es real.

  • El estrés que da gusto: Ver un juego cardíaco te estresa, pero es un estrés del bueno que los expertos llaman “eustress”. Tu cuerpo se llena de adrenalina y cortisol, pero como sabes que el resultado final no va a arruinar tu vida real (mañana hay que trabajar igual), funciona como la válvula de escape perfecta para olvidarte de la rutina.

 

¿Le vas al equipo o solo te gusta la camiseta?

El comediante Jerry Seinfeld decía algo muy sabio: en el futbol de hoy los jugadores van y vienen, cambian de club por dinero y muchas veces ni son de tu ciudad. Al final, lo único que se queda es el uniforme. Básicamente, ¡le vamos a la ropa!

Pero la verdad es que esa camiseta representa algo más fuerte: tu identidad, tus raíces y los domingos en familia. Nos encanta sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos. Por eso la lealtad es tan ciega que, como decía el escritor Eduardo Galeano, un hombre puede cambiar de pareja, de partido político o de religión, pero jamás de equipo de futbol.

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