¿Sabías que cada vez que pides un café americano estás ordenando, literalmente, una broma histórica? Así como lo lees. Este clásico de las mañanas no se llama así para homenajear a nadie, sino que nació como una divertida burla europea hacia los gustos de los soldados de Estados Unidos.
Un “sacrilegio” en plena guerra
La historia nos lleva a la Segunda Guerra Mundial. Los soldados estadounidenses destacados en Italia extrañaban el café de sus casas: suave, ligero y servido en tazas grandes. Pero en las cafeterías italianas solo había espresso, un café súper concentrado, amargo y en tazas diminutas.
Para los soldados aquello era demasiado fuerte. ¿Qué hicieron? Tomaron el espresso tradicional y le echaron agua caliente en una taza más grande para rebajar el sabor.
“Sírvale su café al americano”
Para los baristas italianos, ver a los militares aguar el espresso de esa forma fue casi un insulto a su gastronomía. Por eso, cada vez que un soldado pedía su bebida rebajada o la preparaba en la mesa, los locales empezaron a llamarle “Café Americano” entre risas y ojos en blanco, burlándose de que no aguantaban el café de verdad.
La broma funcionó tan bien que el nombre se quedó para siempre, cruzó fronteras y hoy es un éxito mundial.
