¿Sabías que las donas nacieron para alimentar soldados en la guerra? El dato curioso que nadie te contó

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¡Es el día de las donas! Y todos (o al menos la mayoria de las personas) alguna vez nos hemos comido una dona con café por la mañana, pero casi nadie sabe que su historia está repleta de marineros, tormentas en alta mar, guerras mundiales y un truco de cocina que nada tiene que ver con el azúcar.

Nueces, especias y un nombre muy literal

A mediados del siglo XIX, una mujer llamada Elizabeth Gregory decidió armar un panecillo frito usando canela, nuez moscada y piel de limón que su hijo (el capitán de un barco de especias) le traía de sus viajes. Como la parte del centro de la masa casi nunca se cocía bien y se quedaba cruda, Elizabeth tuvo la brillante idea de rellenar ese hueco con nueces y avellanas para que el pan aguantara los largos viajes en el mar sin echarse a perder.

El origen del nombre: De este curioso truco nació su nombre en inglés. Al combinar las palabras dough (masa) y nut (nuez o fruto seco), el resultado fue literalmente “masa con nuez”.

Una tormenta y un pimentero: El nacimiento del agujero

La leyenda popular cuenta que en 1847, el capitán Hanson Gregory (el hijo de Elizabeth) se encontraba en medio de una tormenta brutal en alta mar. Como necesitaba usar las dos manos para controlar el timón del barco, clavó el pan de su madre en uno de los radios de madera del timón, creando el primer agujero de la historia de forma accidental.

Sin embargo, años más tarde el propio marinero reveló la verdadera historia en una entrevista: no fue el timón, sino que usó la tapa de un pimentero para hundir el centro de la masa cruda antes de meterla a freír. Así solucionó de golpe el problema de cocción y le dio la forma icónica que hoy todos devoramos.

Las “Doughboys” de la Primera Guerra Mundial

La locura masiva por las donas no explotó en las panaderías de las grandes ciudades, sino en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Un grupo de mujeres voluntarias estadounidenses viajó hasta el frente de batalla en Europa para prepararle estos bollos fritos a los soldados para levantarles el ánimo.

A estos combatientes se les empezó a conocer cariñosamente como los “doughboys”. Cuando la guerra terminó y los soldados regresaron a sus hogares, volvieron con un antojo insaciable de donas, lo que obligó a los panaderos a industrializar su producción y crear el imperio dulce que conocemos hoy.

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