Después de años de rumores, tensiones y una boda que nunca llegó, la historia de amor entre Katy Perry (40) y Orlando Bloom (48) ha llegado oficialmente a su fin. Según informes de Us Weekly y confirmaciones posteriores de PEOPLE y TMZ, la pareja ha decidido separarse de manera definitiva, aunque en buenos términos.
El quiebre se da en el contexto de la boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez, evento al que Bloom asistirá como “hombre soltero”, según citó TMZ. En contraste, Perry, cercana a la novia, no podrá viajar a Venecia por sus compromisos en Australia, donde se encuentra de gira.
“Por el momento, no hay contienda. Por supuesto que Katy está triste, pero se siente aliviada de no pasar por otro divorcio… esa fue la peor época de su vida”, reveló una fuente cercana a la pareja para Us Weekly.
Ambos llevaban comprometidos desde 2019, luego de una pedida de mano meticulosamente planeada por Bloom. Su hija en común, Daisy Dove, nació en agosto de 2020, tras un embarazo anunciado en el videoclip de “Never Worn White”.
Las tensiones no son nuevas. Fuentes cercanas aseguran que llevaban meses distanciados y que “nunca fijaron una fecha para la boda ni llegaron a planear nada”. Además, las agendas laborales —especialmente la gira internacional de Perry y las constantes salidas del actor sin su pareja— habrían profundizado la distancia.
La diferencia de prioridades también jugó un papel crucial. Bloom, según reportes, desaprobó varias decisiones profesionales de Perry, incluyendo la fallida recepción de su álbum 143 y su participación en un vuelo espacial con Blue Origin.
No es la primera vez que la pareja se separa. En 2017 rompieron temporalmente y regresaron en 2018. Siempre hablaron con honestidad sobre los retos de su relación y la presión de vivir bajo el ojo público.
Hoy, parece que la historia ha llegado a su cierre definitivo.

