James Irsay no solo acumuló touchdowns con los Indianapolis Colts o titulares por sus altibajos personales; el magnate construyó, cuerda a cuerda, uno de los santuarios más impresionantes de la historia de la música. Tras su fallecimiento en 2025, sus herederos parecen haber tomado como mantra aquel verso de los Beatles: “Money don’t get everything, it’s true / But what it don’t get, I can’t use”.
La mítica casa Christie’s se prepara para dispersar este tesoro en una subasta que promete cifras astronómicas, transformando la pasión de una vida en liquidez millonaria.
La colección no es un simple inventario de instrumentos; es un mapa de los momentos que definieron el siglo XX. Entre las piezas que buscan nuevo dueño destacan:
- La Fender Mustang de Kurt Cobain: Pintada en un azul nostálgico, esta guitarra es el alma del himno generacional Smells Like Teen Spirit. Se estima que el martillo caerá entre los 2,1 y 4,2 millones de euros, un precio justo por el objeto que rompió el molde estético de los años 80.
- “The Black Strat” de David Gilmour: Esta Fender Stratocaster es leyenda viva de Pink Floyd. Irsay la adquirió en una subasta benéfica en 2019, y hoy su valor se proyecta hasta los 3,4 millones de euros. Según los expertos de Christie’s, esta pieza fue el punto de inflexión que elevó la colección a una categoría casi mística.
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John Lennon y su Rickenbacker 1996: El modelo Rose-Morris que acompañó a Lennon en los conciertos navideños de 1964. En un mundo que se quedó sin su música tras aquel fatídico diciembre de 1980, este instrumento (valorado en hasta 1 millón de euros) es un eco tangible de la “Beatlemanía”.
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La “Yellow Cloud” de Prince: Para los bolsillos algo más “modestos” (entre 85.000 y 120.000 euros), aparece la guitarra amarilla que el Genio de Minneapolis usó en su etapa de transición hacia “El Artista”. Es el testimonio físico de la era de Peach y la crudeza de su propia versión de Nothing Compares 2 U.
Lo que se subasta estos días no es madera y metal. Los precios responden al peso de la historia. Como bien señala la curaduría de la subasta, estas guitarras son testimonios físicos de un momento; la prueba de que, alguna vez, esos mitos fueron humanos y tocaron el cielo con los dedos.

