El amor se puso los tenis y bailó ska. Este fin de semana, Dr. Shenka, vocalista de Panteón Rococó, dejó por un rato los escenarios masivos para vivir una fiesta única: su boda con Daniela, su ahora esposa, en una ceremonia que combinó tradición, cumbia y buen ska.
El festejo se llevó a cabo en Tlacolula, Oaxaca, el sábado 26 de abril, y fue todo menos convencional. Desde temprano, comenzaron a circular fotos y videos que los invitados compartieron en redes: una boda colorida, emotiva y explosiva, como solo la banda del corazón sabe celebrarlo.
El vocalista lució un look relajado pero elegante: saco azul claro, pantalón oscuro, camisa formal y —claro— tenis, porque el estilo no se negocia. Daniela, por su parte, llevó un vestido blanco con escote, falda amplia y un velo bordado con flores de colores, un detalle que reflejaba la vibra festiva y cultural del evento.
La ceremonia fue oficiada por una mujer vestida de verde y estuvo marcada por momentos profundamente emotivos. Las madres de los novios jugaron un papel central y fueron incluidas en cada paso del ritual. Al dar el “sí”, Dr. Shenka soltó una confesión con voz potente:
“Llevo dos días sin dormir con ella”, gritó con emoción, dejando claro que el amor también desvela.
Cuando cayó la noche, la fiesta explotó con todo. La pareja hizo su entrada triunfal al ritmo de “Can’t Take My Eyes Off You”, y antes de abrir la pista con su esposa, Shenka tuvo un gesto que hizo soltar lagrimita: se acercó a su madre para compartir un momento lleno de cariño y orgullo.
¿Y la música? ¡Pura sabrosura! La Sonora Dinamita prendió la pista con clásicos como “Amor de mis amores”, “Qué bello”, “Mil horas” y “Oye”. Pero eso no fue todo: el mismísimo Dr. Shenka se subió al escenario para cantar “La cumbia del olvido”, demostrando que el amor y el ritmo van de la mano.
El cierre, como era de esperarse, fue con slam incluido. Las canciones clásicas de ska no podían faltar y los invitados lo dieron todo entre brincos, abrazos y risas.
Una boda con alma de concierto, corazón de Oaxaca y el espíritu fiestero que solo el ska mexicano sabe regalar.
¡Que vivan los novios y que nunca falte el ritmo!
