Para muchos fanáticos del anime, la idea de ver a sus personajes favoritos en carne y hueso genera tantas dudas como temores. Sin embargo, hay una persona que está viviendo este proceso con absoluta felicidad: Masashi Kishimoto. Tras 11 largos años desde que Lionsgate adquirió los derechos de la obra, la producción de la película live-action de Naruto ha comenzado oficialmente.
El creador de la Aldea de la Hoja compartió su entusiasmo a través de un emotivo comunicado en la web oficial de la franquicia, calificando todo este proceso como una racha de eventos extraordinarios. “Siento que no dejan de ocurrirme milagros, uno tras otro. Mi obra por fin se está convirtiendo en una película de Hollywood… ¡Todavía me cuesta creerlo!”, expresó el mangaka.
Un director experto en artes marciales para el mundo ninja
El factor clave que ha disipado las dudas de Kishimoto y encendido su optimismo es la elección del director. La cinta estará bajo el mando de Destin Daniel Cretton (Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos).
La experiencia de Cretton manejando coreografías de combate y su profundo respeto por las artes marciales convencieron al autor de que su historia está en las manos correctas. Kishimoto admitió que está ansioso por ver qué sorpresas traerá el elenco y cómo cobrarán vida los personajes en la gran pantalla.
Global casting begins in preparation for the Naruto Movie!
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— NARUTO OFFICIAL (@NARUTO_info_en) July 9, 2026
El “Efecto Oda”: Kishimoto cuidará la esencia de su obra
Para tranquilidad de la comunidad, todo parece indicar que Kishimoto asumirá un rol muy similar al de Eiichiro Oda en la exitosa adaptación de One Piece para Netflix:
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Control creativo: El mangaka no será un simple espectador; fungirá como supervisor directo de la producción.
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Filtro de calidad: Las decisiones clave sobre el guion, la estética y el desarrollo pasarán primero por sus manos para garantizar el respeto al material original.
Con el rodaje finalmente en marcha, el sueño que Kishimoto persiguió por más de una década está a punto de convertirse en una realidad cinematográfica global.
