Hoy en día estamos acostumbrados a ver la Fórmula 1 con tecnología de punta, telemetría y monoplazas que parecen naves espaciales. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo fue la primera competencia automovilística de la historia? Prepara el viaje en el tiempo, porque el 22 de julio de 1894 se llevó a cabo un evento que parecía más una comedia que una prueba de velocidad.
La mítica carrera fue organizada por Pierre Giffart, un periodista del diario francés Le Petit Journal, y consistió en un recorrido de 127 kilómetros entre París y Rouen. Aunque se inscribieron más de cien personas, las pruebas eliminatorias fueron tan duras que solo 21 vehículos lograron tomar la salida.
Reglas extrañas: Se busca comodidad, no solo velocidad
Los organizadores no querían simplemente ver autos corriendo como locos; querían probar que el automóvil era el transporte del futuro. Por eso, impusieron una serie de normas que hoy nos volarían la cabeza:
-
Cuatro pasajeros obligatorios: Cada vehículo debía tener al menos cuatro plazas ocupadas. ¿Quiénes iban arriba? El conductor, un mecánico (que casi siempre era el mismo que había construido el auto) y ¡dos jueces de carrera! que vigilaban cada movimiento.
-
El “confort” importaba: La competencia no premiaba únicamente al más rápido. Los jueces evaluaban qué tan cómodos iban los pasajeros durante el trayecto y qué tan seguro era el carro.

El ganador que fue descalificado por llevar un “ayudante”
El gran ganador en cruzar la meta primero fue un imponente tractor con motor de vapor conducido por el conde Albert de Dion. Cinco minutos después llegó Albert Lemeitre en un Peugeot de gasolina, seguido por otros competidores. De los 21 que salieron, 17 lograron terminar y 4 se quedaron en el camino por averías.
Sin embargo, aquí viene el giro más curioso de la nota: ¡al Conde le quitaron el trofeo! A pesar de llegar primero, los estrictos jueces que viajaban con él lo descalificaron porque su tractor de vapor requería un fogonero (la persona encargada de avivar el fuego con carbón). Al considerarse que eso no era práctico ni cómodo, el premio oficial del primer lugar se le otorgó a Albert Lemeitre y su Peugeot a gasolina.

La revancha del Conde
Al conde Albert de Dion no le hizo ninguna gracia la decisión de los jueces. Así que, para demostrar de lo que eran capaces los motores, exactamente un año después (el 11 de junio de 1895) organizó él mismo su propia competencia: la famosa carrera París-Burdeos-París.
Fue un impresionante maratón de 1,200 kilómetros donde se admitieron autos movidos por todo tipo de combustibles: gasolina, vapor, gas e incluso electricidad, marcando el verdadero inicio de las carreras de resistencia.
