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¿POR QUÉ EL HAMBRE NOS PONE DE MAL HUMOR?

Cuando el estómago está vacío por más tiempo del recomendado se activa un sistema de respuesta que comienza a darnos señales de que necesitamos comer. Una de esas señales son los molestos ruidos estomacales que se producen y nos generan cierta vergüenza e incomodidad. Y, a veces, incluso dolor.

Cuando tenemos hambre significa que estamos comenzando a necesitar un nuevo abastecimiento de alimento. Cuando los nutrientes comienzan a escasear, nuestro cuerpo no tiene la energía suficiente para funcionar, y nuestro cerebro es el primero en notarlo. El funcionamiento cerebral depende directamente del nivel de glucosa, y cuando esta falta, él no funciona bien. Comenzamos a tener problemas para concentrarnos, cometemos errores absurdos y estamos más lentos de razonamiento.

La falta de glucosa tiene, además, un fuerte efecto negativo en el desempeño de nuestras habilidades sociales. Cuando tenemos hambre nos cuesta dialogar con otras personas, nos cuesta comprender lo que dicen y tenemos problemas para comunicarnos: en todo lo que podemos pensar es en que tenemos hambre. El mal humor, la irritabilidad y la falta de empatía con las personas que nos rodean es una consecuencia directa de que tenemos hambre, y el motivo es, sencillamente, que a nuestro cerebro le falta la glucosa que el organismo obtiene del alimento.