Cuando la pobreza me enriqueció el espíritu y

después de la caída me levanté creyendo.

Cuando en medio de un diálogo intranquilo

encontré la palabra que me faltaba.

Cuando entendí que en el hoy puedo encontrar el

sentido del mañana.

Cuando comprendí que los que quiero pueden

contar conmigo, porque guardo el tesoro de sus

secretos como si fueran míos.

Cuando supe que lo que doy, es lo que luego

recibiré.

Cuando acepté mis errores y no cambie con mis

palabras de promesas.

Cuando decidí enfrentar quien soy, encontré una

mañana en mi espejo el reflejo de alguien que

aprendió a aceptarse.

En cada paso encontramos un nuevo camino que

podemos tomar.

En cada camino una esperanza nueva.

Las huellas marcan la experiencia de saber por

donde andar.

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